Si estás con ganas de meter algo en pocos días, te dejo esta aventura realizada en marzo del 2026 en la provincia de Córdoba.
Después de Rosario, Córdoba siempre estuvo. Ya sea manejando o en micro, el acceso es bastante directo; recuerdo épocas en las que salía de Retiro los viernes por la noche, volviendo el lunes directo a la oficina.
Si vas en auto, encontré un punto medio en donde hacer una parada técnica; el pueblo de Carcarañá, situado a pocos kilómetros de Rosario, tiene lo justo y necesario para pasar la noche. Recomiendo el hotel Montebello, económico, con buena ducha de agua caliente, colchón piola y aire acondicionado. Para la vuelta del perro, cuenta con una linda plaza, dos restaurantes y una cervecería y, si llegas tarde, la Shell de la entrada vende buena comida elaborada por ellos.
Al otro día salimos temprano para Villa Alpina rumbo al Champaquí, donde metimos una linda caminata acampando en la base del cerro. Haciendo amigos en el camino de vuelta, comenzó a resonar el cerro Uritorno con su nuevo refugio, en donde se puede pasar la noche y la peli toma otro color.
Situado en Capilla del Monte con casi 2 mil metros de altura, cuenta con mucha energía y lindos personajes. Siento su llamado y creo que es el momento oportuno, pero antes quiero acampar y para ello me recomendaron el Durazno.
Luego de unos 10 kilómetros de ripio bastante bueno, llegamos al pequeño y agradable pueblo. Cuenta con algunos restaurantes frente al río, posadas y comodidades para todo tipo de viajeros. En mi caso, que apunto al camping, cuento con uno con buenas reviews en Google (pero que solo abre en temporada) y el de Layda, quien me recibió con una sonrisa enorme mientras atendía su proveeduría, retaba a los perros, daba órdenes a sus empleados, me contaba sobre las migraciones de las aves y cómo su madre mantuvo vivo al camping por más de 20 años. Ella debe tener unos 65 y dice que va a ser la última en mantenerlo con vida.
Las instalaciones son básicas, sus parcelas no están definidas, no cuentan con tomas eléctricos, los fogoneros son escasos, las sillas son motivo de cruce de miradas y sus baños dejan algo que desear con horario limitado de agua caliente. Pero el espacio verde es sumamente abundante, pudiendo ubicarte en donde te pinte; en mi caso, bien alejado de todo.
Las primeras noches fueron entretenidas; no había luna y el silencio resultaba muy monótono, salvo cuando las interrupciones de los sapos me hacían saltar de la silla. Con el paso de las noches, pude acostumbrarme al brillo en la mirada de los zorros acompañándome en cada cena.



El río se encuentra a pocos metros de la zona de acampe; la onda es costearlo hasta donde lleguen tus piernas o te surjan ganas de tomar unos mates. En mi caso, elegí una roca alta desde donde saltar y sentir cómo se me cierra el pecho al caer al agua helada. La naturaleza te abre las puertas con el canto resonante de sus aves.
Para los apasionados por lo dulce, recomiendo una casa de té ubicada en un bosque élfico donde probé un lemon pie bien azucarado que expandió mis pupilas. Y para bajar las calorías, te recomiendo esta excursión por el bosque donde te vas a sentir observado por sus duendes.
Volviendo al mundo real, encaro para Capilla; el Hostel Puerta Azul me recibe con una familia cocinando ñoquis caseros de calabaza ecológica, acompañados por el sonido armonioso de un handpan, ese instrumento loco que parece un plato volador y su sonido te transporta a otro planeta.

La vibra del lugar es maravillosa; de toque entré en confianza con sus voluntarias, Cami, y Nati quienes me fueron acercando los tips lugareños.
Con el dueño del instrumento, Renzo, pegué buena onda; hace poco volvió de un viaje por el sudeste asiático y tiene muchas historias para compartir. Siento invitarlo a mi excursión; le comento sobre los planes, consensuamos el menú, bebidas y hora de salida.
- ¿Llevo el handpan? Obvio.
- ¿Y la cámara? De una.
- ¿Y vinos? Uno por pera.
Para una salida que pintaba livianos de peso, salimos recargados; se puede subir y bajar en el mismo día hasta el Refugio. Son unas tres horas, todo de subida, con cuatro puntos de descanso; luego te queda una horita hacia la cumbre. Acá la posta es pasar la noche, entonces puedes manejar los tiempos mucho más tranquilo si no debes comenzar el descenso antes de las 15:00.
En nuestro caso, iniciamos camino a las 10:00; hablando mucho y disfrutando del paisaje, estábamos en el refugio a las 12:30. Liberamos peso, nos equipamos con lo necesario y antes de las 14 estábamos recostados sobre rocas, observando el pasar de las nubes.


Nos tocó una tarde preciosa, apenas algo de viento; Renzo pudo hacer vibrar su instrumento mientras una familia de cóndores flotaba a nuestro alrededor. Sin apuro nos quedamos hasta las 18, cuando ya nos empezaba a dar algo de sed.
El refugio cuenta con lo que necesitas: una hornalla, algunos elementos de cocina, un par de platos y agua, baño seco para sacarte del apuro, colchonetas para amortiguar la caída y una linda estructura de roca que te protege de la noche. Para lo que necesitamos de una ducha, hay un piletón cercano.

Durante la cena, algunos observaron luces llamativas en el cerro; cuentan que suelen presentarse en horarios determinados y por los mismos sitios. Renzo pudo verlas. Yo no tuve la suerte, pero sí fui bendecido con hermosa luna llena que se dejó apreciar con música y vino de fondo.
La bajada fue sencilla; en la base se cuenta con un restaurante bastante completo para almorzar y seguir viaje a casa.
Capilla es un hermoso pueblo con todas las comodidades para escaparse unos días a una ciudad que cree y habita con seres de otro planeta.


Link de interés:
- El Zapato. Lindo sitio para ver el atardecer.
- Villa Cielo. Punto panorámico para ver el cielo y sentir una fuerte energía.
- Track subido al Uritorco.
- Trekking a Los Alazanes. Lindo sendero partiendo de la base del Uritorco. Recomiendo acampar allí.
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